domingo, 28 de diciembre de 2008

Mejores 10 discos del 2008 by Cronos

Disclaimer: La posición 10 es un filler, no está el disco de Ayreon porque por una u otra razón no lo pude escuchar bien. Por lo que espero que no haya comentarios tipo "ZOMG!!!! DÓNDE DEJASTE A AYREON!?!?!?! :S".

Posición: 1
Álbum: Insurgentes
Artista: Steven Wilson
Género: Inclasificable (no todo lo raro es progresivo, entiendan)
Calificación: 9.68/10

Si hay algo que sorprende de Steven Wilson es que es acaso uno de los músicos más prolíficos de la escena actual del rock. Año con año, literalmente, nos da muestra de su talento, ya sea con lanzamientos de Porcupine Tree, de No-Man, Blackfield, o sus andanzas como productor. Este año no se conformó con Schoolyard Ghosts, sino que, inspirado en la avenida más grande de la Ciudad de México, lanzó un disco solista que destaca por la belleza de sus composiciones. Todos los temas sin excepción alguna – algunos menos destacables que otros, eso sí – son prueba de la maestría de este individuo para crear sonidos que evocan ambientes como sentimientos. Insurgentes es un disco que lo tiene todo, desde canciones épicas como No twilight within courts of the sun, pasando por la potente y hermosa Harmony Korine, y temas que simplemente se pueden definir como geniales, tales como Insurgentes y Veneno para las hadas.

Steven Wilson es sinónimo de calidad, y con este trabajo lo ratifica. Si bien puede ser un disco no tan ligero, es quizá una de sus composiciones más interesantes. Eso sí, el género del trabajo es difícil de dilucidar. Algunos dicen que tiene muchos elementos de shoegaze, pero eso es parcialmente cierto sólo en Harmony Korine. También comentan que es industrial, pero acaso es una influencia. Destaca, además, el uso constante del efecto noise. Tampoco es rock progresivo típico. Quizá simplemente podemos decir que es bello.



Posición: 2
Álbum: The Scarecrow
Artista: Avantasia
Género: Power metal/ Hard Rock
Calificación: 9.6/10

Por una u otra razón Tobias Sammet se está quedando calvo. Quizá es por el look emo que adoptó al inicio de este año para promocionar Avantasia o por el exceso de trabajo – actualmente ya está trabajando en el cuarto disco. Lo que es cierto es que este joven alemán es otro de esos músicos difíciles de encontrar, porque es capaz de entregar grandes discos en muy poco tiempo. Avantasia no es ningún proyecto sobrevalorado como dicen muchos elitistas, sino el supergroup que fue capaz de revolucionar a un sector importante del power metal. Fiel a su principio de evolucionar constantemente y no repetirse, este año Tobias Sammet nos entregó The Scarecrow, el tercer disco de Avantasia, con nuevos músicos y cantantes invitados, entre los que destaca el genial Jorn Lande. Lo que sorprendió a muchos fanáticos del power metal más clásico fue que este disco dejó de lado las estructuras épicas que caracterizaron a los primeros dos discos. Se le ha tildado del peor álbum, de comercial, pero lo cierto es que es, a la fecha, el mejor trabajo de Avantasia y quizá de Sammet. El power metal sigue presente con Devil in the belfry, Shelter from the rain y Another angel down. El track épico es el que le da nombre al disco. Si queremos algo diferente: Twisted Mind y The toy master, ambos temas con un aura incierta y genial. La baladas: Cry just a little y What kind of love. La hardrockera I don’t believe in your love.

Lo que sí podríamos condenar de este disco es que, habiendo lanzado dos EPs con grandes canciones, no se incluyeran temas tan geniales como Promise Land o The story ain’t over. De cualquier forma, quizá éstas comprometían la narración de este trabajo, que, por cierto, es infinitamente mejor que la historia a lo calabozos y dragones de los primeros dos discos.



Posición: 3
Álbum: Who’s the boss in the factory?
Artista: Karmakanic
Género: Progressive rock with jazz influences
Calificación: 9.5/10

Karmakanic debe ser una de esas bandas poco conocidas en el mundo mainstream. Se trata de un conjunto sueco que hace un rock progresivo clásico con marcadas influencias de jazz. Una combinación que se amalgama a la perfección en este disco que tiene todo lo que se puede pedir: un par de canciones largas con pasajes instrumentales brillantes y cambios de ritmo, otras muy emotivas, y otras animadas. El optimismo es lo que permea a este trabajo, aunque el final es más bien melancólico. Un trabajo compacto donde se hace difícil destacar un tema sobre otro – lo cual es absolutamente genial. Los temas épicos no son pretenciosos. Send a message from the heart es portentosa, lo mismo sublime que potente. Who’s the boss in the factory? es incluso más épica aunque en un principio parezca menos espectacular y ambiciosa. La melodía trabajada junto al saxofón en Two blocks from the edge es lo que en inglés se diría un eargasm.

Personalmente debo decir que cuando perdí la esperanza en el año en cuestión musical, apareció este disco para salvar a esta lista de otros discos que simplemente se hubieran colado para llenar un espacio que no les corresponde. Lo que más me pudo gustar es la combinación del rock progresivo con el jazz sin que esto sonara demasiado sofisticado. A veces los intentos por amalgamar géneros que de por sí son pedantes suele quedarse en una mera pretensión.


Posición: 4
Álbum: North
Artista: Everon
Género: Progressive and symphonic rock
Calificación: 9.4/10

En este mismo blog había dicho que éste era el disco del año, pero después de toparme con la discografía entera de Everon (lo cual, por cierto, es incluso complicado para Google) me di cuenta de que tenían mejores trabajos y que éste era otro disco, digamos, promedio para estos alemanes – lo cual es impresionante por la genialidad de este grupo – y que está lejos de ser la obra maestra que es Fantasma. Lo que sí resulta impactante de North es que con respecto a la discografía de esta banda, este álbum ofrece un estilo renovado, con sonidos más modernos, y como ejemplo tenemos South of London. Lo que caracteriza a este disco, como a la mayoría de la música de Everon, es un aura nostálgica, producto del tímido virtuosismo de los músicos, de la melancolía propia del líder Oliver Philipps, y las atinadas orquestaciones que hacen de Everon ser lo que es.



Posición: 5
Álbum: Tinnitus Sanctus
Artista: Edguy
Género: Heavy Metal/ Hard Rock
Calificación: 9.3/10

Nuevamente Sammet en el top ten. No se podía esperar menos de él. Como siempre, este alemán es polémico por hacer la música honesta que a él le gusta. Como ya es costumbre, este disco también fue tachado de comercial o incluso de ser glam rock. Sammet está cansado del power metal clásico, y es por eso que en este disco incluyó muy poco, y salvo temas como el maravilloso Speedhoven o la curiosa The pride of creation contienen estructuras típicas del power. Lo demás es puro heavy del bueno y un bonus track country. A diferencia de The Scarecrow la temática de las letras en este trabajo es mucho más relajada, lo que quizá es uno de los puntos débiles en algunos momentos de este disco. De cualquier forma es sumamente recomendable. Abstenerse trve fucking power metal fanboys.


Posición: 6
Álbum: Watershed
Artista: Opeth
Género: Progressive death metal
Calificación: 9.1/10

Lo curioso de este disco es que se coló a Internet como cuatro meses antes de que saliera a la venta. La alineación cambiante de este grupo sueco no impide que disco tras disco nos ofrezcan álbumes que están por encima del promedio y que en sí mismos son muy valiosos. El sonido de Opeth es inconfundible: geniales growls y una voz “normal” preciosa de Mikael Åkerfeldt, canciones largas con pasajes instrumentales brillantes, agresividad y belleza al mismo tiempo, influencias de todos los géneros, incluso del jazz (muy notorio en la hermosa balada del disco, Burden). Es un buen disco, de eso no queda duda, pero tampoco es lo mejor que Opeth nos ha dado a lo largo de su carrera, ya que fácilmente es superado por su obra maestra, Still Life, o por Ghost Reveries, ambos discos conceptuales – el último con una canción colada que Åkerfeldt quería poner sí o sí. La mayor debilidad de este trabajo es, quizá, el carácter inconexo de sus temas. No obstante, esto es una apreciación personal, porque que haya canciones como The Lotus Eater o Burden, reivindican a cualquier disco.




Posición: 7
Álbum: Symphony
Artista: Sarah Brightman
Género: Opera pop/ Classical crossover/ One gothic song
Calificación: 8.9/10

Éste es un disco que por una u otra razón (olvido más que nada) no reseñé en este blog. Nunca he sido fanático del canto lírico ni de la ópera o la música clásica, quizá porque yo soy más mundano o porque detesto el elitismo. De cualquier forma éste es un muy buen disco, quizá de lo mejor que ha sacado Sarah Brightman en un buen tiempo. Si algo me gusta de esta mujer es que si bien tiene una de las más hermosas voces líricas, canta también pop sin ninguna queja (no como Tarja que canta Nirvana como si fuera La Traviata) y es genial. Algunos enfermos dicen que éste disco es de gothic metal, en realidad sólo tiene una canción de rock sinfónico con influencias góticas. Fleurs du mal (sí, Baudelaire obsesiona a quien sea). Lo demás es lo típico que te puedes esperar de esta inglesa: baladas, canciones pop, duetos con algunos virtuosos (el tenor Andrea Bocelli, el contratenor Fernando Lima). Mención aparte merece I will be with you (where the lost ones go) a dueto con Paul Stanley, conocido por su participación en Kiss, en lo que es la mejor canción del trabajo. Un disco bello cuyos únicos inconvenientes son las canciones soporíferas que de rato en rato aparecen en el medio de los buenos temas y el hecho de que sea de puros covers, a excepción de las canciones góticas.



Posición: 8
Álbum: When the city is quiet
Artista: Ebony Ark
Género: Power progressive metal
Calificación: 8.6/10

Ebony Ark es un grupo español con una cantante que tiene un inglés bastante aceptable. Eso ya es bastante meritorio teniendo en cuenta el paupérrimo inglés que muchos españoles hablan. Por otro lado, la música de este grupo, sobre todo en este disco, es fresca y sin mayores pretensiones, a veces tirando más hacia el lado power que al progresivo. Lo mejor, a mi gusto, es la vocalista, ya que si bien es una mezzosoprano que podría cantar cómodamente con sus tonalidades líricas (que demuestra al fondo de unos temas) prefiere una faceta más rockera, agresiva y hasta violenta.

Éste es un trabajo melódico, muy disfrutable, que fluye con facilidad y que tiene momentos muy buenos como For You, acaso una de las mejores baladas de todos los discos aquí listados. Incluso el bonus en español es realmente bueno. Lo que sí da pena es que en una canción se escuchan unos growls sumamente amateurs.




Posición: 9
Álbum: El Reino Olvidado
Artista: Rata Blanca
Género: Heavy metal/ Hard Rock
Calificación: 8.4/10

Rata Blanca es, quizá, la banda más importante de Argentina – más allá de los santones de Soda Stereo y demás “rockeros” que injustamente se adjudican el término. Allá los odian por ciertas actitudes del guitarrista, en México, aunque tímidamente, los aman. Son una banda consagrada, de ésas que ya hacen música sólo por el gusto de hacerla o porque sienten que eso de ser veteranos tiene estilo. Walter Giardino es uno de los mejores guitarristas que ha dado el continente y Adrián Barilari es un maestro en vivo a pesar de estar ya grande. El Reino Olvidado es su décimo disco como tal y se destaca por el sonido que ha caracterizado a la banda desde que se volvieron a reunir con El Camino del Fuego. Hard Rock potente, piezas melódicas y poderosas, todas con solos de guitarra caídos del mismo cielo de los héroes del instrumento. Este disco, de cualquier forma, es menos potente que el anterior, La llave de la puerta secreta, y su temática gira mucho en torno al rock y hacia las críticas que Giardino hace sobre la música mainstream o los grupos que de una u otra forma llevan injustamente el adjetivo rock tras de sí. Obviamente éste no es el disco con el que hay que empezar a escuchar a Rata Blanca, pero dentro de toda su discografía es bastante recomendable.



Posición: 10
Álbum: Revolución
Artista: WarCry
Género: Heavy metal/ Kinda power metal too and a Dream Theater rip-off
Calificación: 8/10

La única revolución de este disco, para que quede en claro, fue la que hubo al interior de la banda con media agrupación fuera que acabó formando una banda de pop rock llamada Sauze. Un nuevo equipo se integró a Warcry, lo que quizá produjo cierto desequilibrio en la dinámica de esta banda asturiana. ¿Dónde está la luz? Fue una obra maestra, Revolución es un buen disco a secas, con algunas canciones interesantes como Coraje, Absurda Falsedad y Abismo (un homenaje a Dream Theater), y otras que de plano son malas: Invierno en mi corazón y La vida en un beso. El disco funciona porque tiene varios temas dinámicos y arquetípicos de WarCry. Otro de los grandes problemas son las letras, que con respecto a discos anteriores bajaron demasiado su nivel, al grado en que bien pueden aparecer en alguna página web de poesías gratis: son cursis más que románticas. Reitero, no es un disco malo, pero sí promedio.

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domingo, 7 de diciembre de 2008

Steven Wilson - Insurgentes (2008)


“Feel, no shame, too brave
Feel, afraid, to wait forever”

A estas alturas de la carrera de Steven Wilson no resulta increíble lo respetado que es en casi cualquier círculo musical: desde death-metaleros a progres cincuentones, no hay persona que no reconozca la calidad de este músico cuya principal característica ha sido el arduo trabajo que realiza en cada uno de sus proyectos año con año. Y no es de extrañarse que haya producido discos de bandas legendarias del rock progresivo como lo es Marillion (Marillion.com, 1999), hasta discos de death metal como el genial Deliverance (2002). Tampoco debe sorprender que tenga una discografía superior a los 50 discos, entre discos de estudio, en vivo, participaciones y las discografías de sus principales proyectos.

Este señor a sus escasos cuarenta y un años ha hecho mucho más que muchas supuestas leyendas del rock, ha creado obras maestras del rock progresivo como The Sky Moves Sideways (1995), hasta discos completamente ambientales e instrumentales como Molotov and Haze (2008). Y qué decir de sus dos principales proyectos por así decirlo, Porcupine Tree y Blackfield, que cada uno por sí mismo tiene un valor artístico inigualable. Steven Wilson pareciera ser el sueño colectivo de todos los amantes de la música como arte, no es posible que en una sola persona haya tanto talento, creatividad y unas ganas de expresarse artísticamente virtualmente ilimitadas.

No satisfecho con todo lo que ya ha logrado, este 2008 ha sacado un disco a su nombre, intitulado Insurgentes. Disco soberbio, que logra encontrar un punto de equilibrio para poder contener en él prácticamente todos los géneros que Steven Wilson ha tocado a lo largo de su carrera. Y haciendo alarde de capacidad creativa, el señor Wilson nos entrega un disco por encima del promedio, con una facilidad que espanta.

Lo que más le debe de llamar la atención a un mexicano es el nombre del disco, que se inspira directamente de la caótica y polifacética avenida de los Insurgentes. Y es que, en sus propias palabras:

“La razón principal por la que titulé así a Insurgentes es porque si tú recorres la Ciudad de México verás esa palabra escrita todo el tiempo y yo no sabía por qué, hasta que pregunté y me respondieron que era la calle más grande de ésta ciudad. Y porque el verdadero significado de Insurgentes es rebelión, una sublevación ¡un levantamiento! Y esa es la manera en la que yo me veo e identifico como músico, poco convencional, en esta era en todo parece estar regido por “American Idol”, Mtv. [...] Aún hay gente como yo que se interesa en hacer música fuera del “mainstream” en donde hacemos discos y música porque pensamos que es arte [...] somos un tipo de rebeldes de alguna manera, somos una especia de INSURGENTES de esta era musical que estamos viviendo.”[1]

Y sí, aunque, la principal falla del disco es que es un disco orientado a canciones, no a un álbum como un todo. Insurgentes es una colección de canciones sin relación entre sí que demuestran la belleza de la música de este señor.

La canción con la que abre el disco es Harmony Korine que me recuerda mucho a Once de Blackfield II (2007), en lo potente de las guitarras y en la dualidad entre la belleza en las melodías y el poder en los riffs. Es una de las mejores canciones del disco, y excelente para abrirlo. La segunda canción, Abandoner, nos muestra otro lado de la música de Wilson, su pasión por crear ambientes y transportarte a otros lugares a través de su música. Lo mismo sucede con Salvaging, la canción más larga del disco, y que es una referencia directa a Sever de Signify (1996).

Veneno Para Las Hadas, es probablemente mi canción favorita del disco, otra referencia directa a una canción de Porcupine Tree, en este caso a The Moon Touches Your Shoulder del ya mencionado The Sky Moves Sideways, sólo que a diferencia de ésta, Veneno Para Las Hadas mantiene una misma atmósfera durante toda la canción. La letra es preciosa, y el título en español de la canción fue algo que me agradó.

Otra de las mejores canciones del disco es, No Twilight Within the Courts of the Sun, canción que al principio parece dar la impresión que es de esas piezas épicas de Wilson, completamente instrumentales, pero que por la mitad deja de serlo. Es genial, y tiene el sello característico de este genio. Significant Other, la sexta canción del disco es hermosa, con vocalizaciones de una artista invitada, y una de las pocas canciones de este tipo (en cuanto a temática) de Steven.

Only Child es una canción bastante promedio para este señor, lo que a mí particularmente me llamó la atención fue la “fresa” de Coyoacán hablando casi al final de la canción, ¿la posible novia de Wilson? La octava canción del disco es Twilight Coda, pieza calmada y completamente orientada a crear un ambiente, ésta al igual que Get All You Deserve crean un ambiente obscuro, sólo que la novena canción del disco no es completamente instrumental, y para el final se escuchan elementos de noise.

El disco cierra con la canción del mismo nombre del disco, Insurgentes, otra pieza calmada y cuyo instrumento principal es un piano; en mi opinión es perfecta para cerrar este álbum ya que resume lo que es el disco en sí: cincuenta y cinco minutos de belleza.

El disco es posiblemente uno de los mejores discos del año, pero está lejos, muy lejos, de los mejores trabajos de Steven Wilson. Yo le doy 4.4 estrellas.

Mención aparte merece todo el pleito que tiene este señor con los iPods, en fin, nadie es perfecto, sólo diré que la música es música, lo demás es falsedad, y nadie en este mundo sabe esto mejor esto que él.

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miércoles, 26 de noviembre de 2008

Edguy - Tinnitus Sanctus (2008)


You're alive said the maker and smiled at the aardvark
You're divine by the grace of the master above

Recurriendo al cliché: Edguy es una banda que no necesita mayor presentación. El genio musical de esta agrupación alemana es el prolífico Tobias Sammet, encargado también de su proyecto Avantasia, o el gran supergroup de metal en la nueva era. Edguy empezó como la banda de unos adolescentes que ya desde el inicio mostraban un talento musical muy importante. Afianzados en el género del power metal, con el paso de los años y los discos, Edguy ha evolucionado a sonidos menos clásicos y más heavies. Desde su excelente disco Hellfire Club, Tobias Sammet ha manifestado su apatía para con el power metal, un género repetitivo y sin frescura. Hay mucha verdad en sus palabras: a diario aparecen nuevas bandas de power metal y todas suenan igual, la mayoría de ellas, incluso usan las mismas temáticas insulsas en sus canciones, a saber, calabozos y dragones, hadas, duendes, enanos y balrogs de fuego. En cambio, lo que ha caracterizado el trabajo de Sammet es la comicidad y las temáticas que en muchos casos llegan a lo poético.

Rocket Ride (2006) rompió con los viejos esquemas de Edguy: el doble bombo desapareció, salvo en una canción. Sammet supo innovar con un trabajo fresco que decepcionó a más de uno, ya que el alemán se había aburrido del mismo power metal de antaño. Quizá no fue un disco tan prolijo como Hellfire Club, pero mostró elementos sin los cuales Edguy sería hoy sinónimo de innovación y compromiso con la música. Tinnitus Sanctus se nos había anticipado como un disco distinto, la evolución lógica de Edguy, not another Mandrake's legacy... Era de esperar un trabajo con el sonido nuevo de Sammet (que desde Avantasia ha estado mostrándose como el mejor de su carrera).

Ministry of saints es la canción perfecta para abrir cualquier disco de metal. Se trata de una canción pesada de clásico heavy metal con el toque inconfundible de Edguy. Es el tipo de canciones que uno se espera de cualquier disco de esta agrupación alemana: una estructura nada pretenciosa, un estribillo que se queda en la mente desde el primer momento y otro tema más para ser interpretado en cualquier concierto.

La segunda canción es Sex Fire Religion, que si bien no es un medio tiempo sí es más pausada que su predecesora. En realidad, en este track se escucha todo el hard rock que Edguy ha estado implementando en los últimos tiempos. Musicalmente hablando es una canción disfrutable, con otro buen estribillo, aunque un poco anodina a final de cuentas. La letra no es un poema precisamente, por cierto "Maybe she don't know love but she knows how to make it".

The pride of creation es definitivamente la favorita por defecto del avarage Edguy fanboy. Un gran tema que comienza muy potente, pero que en realidad es más calmado de lo que aparenta, sin mencionar que el nivel de los estribillos sigue en constante crecimiento. Sammet había dicho en una entrevista que él se parecía a Dios en el sentido de que los dos tenían muy buen humor, y para prueba dijo que sólo miráramos un cerdo hormiguero (cerdo, no oso: an aardvark), si eso no era un chiste de Dios, entonces quién sabe de qué broma del destino se trata. La temática de la canción, más que de una alabanza al cerdito, es sobre el ateísmo, viéndolo desde un punto de vista más ligero, con la comicidad típica de Sammet.

Por el contrario, Nine lives es una canción mucho más seria y con una letra bastante buena. Ésta sí es más parecida a un medio tiempo, con algunos elementos electrónicos que la distinguen, que quizá recuerden a Matrix de Rocket Ride. Una canción muy de la nueva era, que seguramente detestarán los fanáticos del viejo Edguy y que amarán los que gustan de su disco anterior. Yo soy de los segundos.

En cambio, Wake up dreaming black es más el tipo de canción que uno encontraría en Mandrake, que si bien no regresa a la velocidad extrema, tiene un gusto a power metal mucho más pronunciado. Una buena canción, pero que repite una fórmula que Edguy había utilizado mucho antes, sobre todo por el "dying angels, dying angels" en el coro.

El mejor estribillo del disco, quizá, es el de Dragonfly, hímnico (anthemic suena mejor) y poderoso. Una canción que en cuestión de temática no es precisamente brillante, pero tal aparente deficiencia se compensa con el gran trabajo que suponen las letras con la melodía. Parece ser que la encomienda de Sammet era crear un juego de palabras que a la vez sonaran excelente con el ritmo de la música. Lo logró y aquí está una de las canciones épicas de este trabajo.

Thorn without a rose es la balada del disco, algo que se presiente desde el título. A Sammet le gustan las rosas y nos lo ha demostrado a través de muchas canciones (The scarlet rose de Edguy y I don't believe in your love, de Avantasia). No faltan los comentarios de que suena a Bon Jovi, quizá es por su famosa canción de Bed of roses, que pareció crear una marca registrada con respecto a estas flores. Sammet es mucho mejor músico que Bon Jovi y su música no tiene nada qué ver. Ésta es una gran canción, una power ballad que vale mucho la pena.

9-2-9 es otra canción con el sello de Rocket Ride: sonidos modernos de la mano de un medio tiempo. La letra, por cierto, es de lo mejor que hay en el disco. En sí misma ésta es una canción muy bella, que en un principio no destaca demasiado. Sólo falta prestarle un poco de atención y tendremos uno de los mejores temas del disco.

A reserva de lo que puedan decir muchos, Speedhoven es una de las mejores canciones compuestas por Tobias Sammet. El inicio es genial, todo un himno que, por alguna razón, suena a música sinfónica (la de verdad, no metal sinfónico). Lo mejor es que Sammet sabe no abusar de esta clase de sonidos, ya que es conciente de que la fórmula de Rhapsody of fire no puede usarse todo el tiempo. Lo que para la media sería una canción-himno más, para Edguy es sobresaliente, y es que ésta no es una canción con sonido épico, sino que es simplemente genial. Su estructura va más allá de lo trillado de las canciones largas. Aquí podemos advertir detalles muy interesantes, como el uso tan acertado del teclado de una forma que quizá es atípica en este tipo de temas. Sin duda alguna, la mejor canción de Tinnitus Sanctus y en el top 10 de Sammet como compositor.

Dead or Rock le hace honores a su título. El sonido no podía ser más hardrockero y el descaro de las guitarras es evidente. No es una mala canción, sino todo lo contrario. No obstante, me parece que está en el lugar equivocado, ya que para cerrar el disco hubiera sido mejor otro tema.

Aren't you a little pervert too?! es la clásica canción cómica que Tobias hace como bonus. En Mandrake tuvimos un conejito alienígena que toca la batería muy rápido, en Hellfire Club a Lucifer teniendo un orgasmo, en Rocket Ride nos fuimos al Caribe con una canción tropical, hoy toca Texas: country del bueno, con banjo y todo. ¿Más que decir? No lo creo...

Tinnitus Sanctus definitivamente no es un disco para todos, así se escuche una y otra vez. Como veníamos anunciando al principio de esta reseña, se trata de la evolución lógica de Edguy desde su deslinde del power metal. Lo que Sammet llama ser sincero consigo mismo no es lo que precisamente a todo mundo le gusta, ya sea porque Tobias no es el powermetalero que todo mundo creía, o porque en la actualidad hay un extraño tabú contra el hard rock y los sonidos más clásicos. Más allá de eso y las comparaciones ociosas con bandas como Aerosmith o AC/DC, Tinnitus Sanctus es un gran trabajo, la muestra de que el genio musical de Sammet aún no ha terminado y que va en ascenso, aunque quizá no en la dirección que todo mundo desearía.

Hay canciones que no terminan de ajustarse al trabajo, eso es claro, como Wake up dreaming black o Sex Fire religion, pero en general éste ha sido el mejor esfuerzo de Edguy hasta la fecha. Hellfire Club, en cambio, es la cumbre de su power metal, de la vieja faceta que no pudo ser cerrada de mejor manera, en lo que es uno de los mejores discos de la década. Tinnitus Sanctus es mejor que Rocket Ride porque ha llenado lagunas que en el anterior trabajo aún costaban cohesionar con el nuevo sonido.

Y aunque no sea para todos los gustos: Tobias ha logrado lo que pocos pueden hacer: dos buenos discos en un mismo año, que además están muy por encima de la media.

9.3/10

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martes, 11 de noviembre de 2008

Between the Buried and Me en el Hard Rock Cafe

…you will just keep waiting.

Seis meses después de aquella visita de Between the Buried and Me (BTAM)al DF, el quinteto de North Carolina regresó a México la noche del nueve de noviembre en el Hard Rock Café. Lugar, a mi gusto, perfecto para esta banda, ya que se prestó para el Mosh Pit, se ve bien de todas partes, y el sonido es bastante bueno. Esta vez, la audiencia iba con el firme propósito de entregarse a esta gran banda; a diferencia de su visita anterior, donde, la gran mayoría de los presentes en su vida había los escuchado, y no tenían el oído educado para los growls característicos de BTAM.

Las puertas del lugar se abrieron a eso de las seis y media, y la gente fue llenando el Hard Rock, yo, afortunadamente, contaba con un boleto especial que me permitió estar en la parte de arriba y backstage. De arriba la vista era impecable, se seguía teniendo cerca el escenario, y el sonido era inmejorable.

La banda subió al escenario, tomaron sus posiciones, e inmediatamente Tom comenzó a tocar en su piano las primeras notas de Foam Born (A) The Backtrack, se detuvo un poco después, introdujo a la banda y continúo con la canción, que en vivo es impresionante, en especial ver cómo a Tom le salen los growls como si estuviera platicando, y, ver a Paul hacer esos arpegios sublimes. Como sabrán la canción va unida a (B) The Decade of Statues por lo que su transición fue perfecta. En esta canción la gente empezó a hacer el famoso mosh pit, y al verlos desde arriba pensaba, 'qué bueno que no estoy ahí'.

Unos problemas técnicos en la guitarra de Paul detuvieron por unos instantes el cambio de canciones, que como ya sabrán, en el Colors no hay tal. Afortunadamente, poco después comenzarían a tocar Informal Gluttony, la cual fue soberbia, la voz de Tom nunca se perdió y el sonido nunca se saturó, aun en las partes más pesadas, mismas que prendían a la audiencia de una manera sublime.

Otros problemas técnicos detuvieron nuevamente la transición de canciones, pero no tardaron mucho para continuar con Sun of Nothing (canción favorita de Tom para tocar en vivo), sólo que en vivo no hubo changuitos entre canciones. La canción es impresionante en vivo, sobre todo porque fue perfectamente ejecutada, y fue imponente escuchar al recinto entonar el “I’m floating towards the sun…”. Y qué decir de Ants of the Sky, que cumplió todas mis expectativas, fue apoteósico el inicio, así como el solo del final.

Prequel to the Sequel vino inmediatamente después, canción que al ser de las más pesadas fue de las que más puso el Mosh a todo lo que podía dar. Y donde vimos a Tom llevar su voz al límite para hacer un growl agudo y uno bajo, algo realmente impresionante, pero más impresionante era ver su presencia escénica, es un espectáculo por sí solo, sabe mantener a la gente atenta. Viridian llegó poco después, misma que dejó ver la habilidad de Dan en el bajo, y que dio un respiro para retomar fuerzas para la última canción del disco; la majestuosa White Walls: verla en vivo fue toda una experiencia, por lo grandioso de la canción, y en especial, por el clímax musical de los últimos 4 minutos de la canción. La canción fue impecable, es impresionante ver cómo suenan en vivo, incluso mejor que en el disco. Prueba inequívoca de su dedicación a su música y eso es algo que se agradece mucho.

La banda abandonaría el escenario aproximadamente por 20 minutos, tiempo suficiente para recuperar fuerzas y tomar una cerveza. Regresarían para decirnos que tocarían cosas de su viejo material. Y comenzaron el segundo setlist para tocar una de las canciones obligadas: Mordecai, canción del Silent Circus, que es violentísima, súper pesada; riffs que te taladran los oídos, y que tiene también una parte singalong que da escalofríos escuchar en vivo, siendo coreada por toda la audiencia.

Continuarían con un rolón muy antiguo, tanto, que el mismo Tom confesaría que tenían bastante tiempo sin tocar dicha canción en vivo, fue Shevanel Cut a Flip; canción del primer disco de la banda, que fue una sorpresa bastante agradable para todos los presentes esa noche. Roboturner, del Alaska, continuaría con la magistral ejecución de su repertorio. Las dos anteriores fueron canciones impresionantes, que prendieron a la gente, y que, fueron de lo más pesado de la noche. Seguirían con la canción que abre el disco Alaska: All Bodies. Canción en donde perdí la voz luego de gritar como loco “All bodies, contortion!”.

Al terminar la canción, la banda se despidió, pero dijeron que tocarían una canción más, era obvio cuál iba a ser, en especial cuando todo el recinto empezó a gritar el nombre de la canción al unísono. Sería la obligada: Selkies: The Endless Obsession. Canción que contiene, uno de los mejores solos de guitarra que ha escrito Paul, y que no defraudó. Justo al terminar las letras de la canción con la línea “We can speak of obsession... we can love the endless” empezó aquel grandioso momento en el que Paul pondría punto final con su guitarra a ese maravilloso concierto.

Lo más increíble de esta banda, no es cómo suenan en sus discos, ni lo impecable que suenan en vivo (a no ser por las fallas técnicas propias de una presentación en vivo); lo mejor de este colectivo de músicos es lo sencillos que son, y lo increíblemente amigables que pueden llegar a ser con sus fans. El hecho de que el artista te haga la plática a ti como fan, en vez de tú a ellos en un meet and greet es algo que pocas veces se ve.

El concierto como tal fue muy bueno, arriba del promedio, y de lo mejor de este año. Es de esos conciertos de los que no tengo nada por lo que quejarme, y créanme, eso es raro en mí (ayudó mucho que no estuviera abajo en medio del Slam y los empujones). Por cierto, les debo las fotos.

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viernes, 31 de octubre de 2008

WarCry - Revolución (2008)


WarCry es, posiblemente, una de las bandas españolas más reconocidas, cuyo indiscutible líder, Víctor García, salió de las entrañas de la escisión que hubo en la también aclamada banda Avalanch. Los días de esta agrupación comenzaron con un power metal bastante clásico: temáticas épicas en las letras, solos de guitarra todo el tiempo, un doble bombo constante y estribillos pegadizos. Su tercer disco, Alea Jacta Est, mostró una notable evolución hacia sonidos más progresivos, pero sin dejar atrás la base power que los caracterizaba. No fue sino hasta el sublime ¿Dónde está la luz? que WarCry le daba un giro inesperado a su música, imprimiendo un sello único que ya no dependía de las fórmulas clásicas del género. En cambio, nos ofrecieron un disco sin menor rastro de doble bombo, con una faceta más heavy y madura, presentándonos las canciones más trabajadas de la banda, todas ellas compuestas por Víctor. Las letras, además, tomaron un rumbo distinto, pues se centraron más en aspectos cotidianos y más trascendentes que las batallas entre guerreros medievales y las legiones del mal.

Tras esa joya del metal contemporáneo, vio la luz su quinto trabajo: La quinta esencia. Un disco que supuso una síntesis de todos los elementos que se habían mostrado en la banda. Tal movimiento dialéctico los llevó a cerrar un ciclo, a remover a varios músicos e incorporar a nuevos personajes que contribuyeron para la creación de su sexto disco: Revolución.

Con una semana en las tiendas, es momento de ofrecer la crítica del último disco de este conjunto asturiano. Un álbum que, a decir verdad, ha sorprendido a más de uno.

La última esperanza tiene un inicio algo cómico, de pésima calidad, como si se hubiera colado en el internet un demo robado por algunos facinerosos. Si uno se baja el disco puede sentir remordimiento. Más allá de esto, esta canción es de lo mejor de todo el trabajo, ya que inicia con un gancho insuperable y un estribillo digno de mención, de ésos a los que WarCry nos tiene acostumbrados.

El segundo tema lleva por título El cazador, otra gran canción que recuerda a los tiempos de Alea Jacta Est, ya que podemos escuchar un doble bombo y una melodía bastante veloz. En realidad no hay nada de críticable aquí. Cuando WarCry se esfuerza a la hora de componer canciones power parece como si nadie pudiera superarlos.

Nada como tú es el primer punto bajo del disco en cuestión de composición, aunque no en efectividad. Lo primero que puede saltar a la vista son las letras cursis con las que cuenta esta canción - hay que tener en cuenta que Víctor García ha escrito cosas románticas mucho más decentes que ésta. En sí, la canción está bien, ya que musicalmente hablando se trata de una suerte de medio tiempo con otro estribillo notable. El puente, por cierto, suena un poco similar a las melodías típicas de Mägo de Oz, más específicamente a algo que encontraríamos en Jesús de Chamberí...

La carta del adiós, en cambio, nos devuelve la potencia. La estructura en sí es muy dinámica y las letras están bastante más trabajadas que en la canción anterior, a pesar que las dos versen sobre temas amorosos. Quizá sea demasiado reiterativo, pero el estribillo es nuevamente genial y Víctor García se muestra muy atinado.

Hasta este momento el disco tenía un buen balance, pero Invierno en mi corazón rompe el equilibrio cual intervención estatal en un modelo neoclásico de economía. El tema es bastante atípico, con algunos momentos interesantes, pero con un estribillo algo incierto. Supongo que denominarlo medio tiempo sería lo más conveniente. Sin mencionar que nuevamente parece que la letra la escribió algún quinceañero despechado...

Afortunadamente tenemos Coraje para redimir a todo el disco. Sin duda éste es el mejor tema de Revolución. No es un himno power, tampoco una balada en sí. Es una canción calmada, llena de emotividad y simplemente hermosa. A decir verdad, es de lo más destacable en la historia de WarCry y en el repertorio de Víctor García.

La prisión invisible no está nada mal cuando se escucha varias veces, o cuando se tiene la paciencia suficiente para esperar el estribillo. Sin embargo, por sí sola no es de lo más destacable en este trabajo.

El inicio de La vida en un beso me trajo recuerdos de Rata Blanca, no sé específicamente por qué. La primera mitad del tema es un medio tiempo con todas las de la ley, aunque a medida que pasa el tiempo comienza a acelerarse. La velocidad le va bien, pero el estribillo no termina de encajar con la estructura más apresurada de la segunda parte.

El camino es el single de este disco y la primera canción que se escuchó. Las reacciones fueron casi homogéneas: qué canción tan simple, ¡joer tío, qué puta decepción! Aunque, claro, no faltó el que dijera: "Hombre, ¡esta canción sí que mola!". No soy fanático del español de la madre patria, pero para definirlo con sus palabras: esta canción es muy cañera. O dicho de otro modo: el típico single, con un coro sumamente sencillo y fácil, de esos que se corean todos los días. La letra, como ya es constante, es bastante débil y repetitiva. Está divertida la canción, eso sí, y como conjunto suena bastante bien, mucho mejor de lo que lo hace por sí sola.

Absurda falsedad, he de confesarlo, me encanta. No sé bien por qué. Se trata de una canción sumamente atípica para WarCry, ya que nunca habían hecho algo así. Cuando la escuché me sonó como a opening de Digimon y me sigue pareciendo que así es. Otros, quizá más entendidos que yo, dicen que es más hard rock. Los teclados sí tienen un gusto a rock setentero y ochentero, y los riffs de guitarra son bastante particulares. Por cierto, cabe señalar que la letra de esta canción es superior a cualquier cosa que haya en el disco, aunque tampoco es el "No es que muera de amor, muero de ti, amor, de amor de ti..." de Jaime Sabines...

Con Devorando el corazón tenemos otro guiño al viejo WarCry, más por el estribillo que por el trabajo en la batería. Un buen tema que, con algunos teclados, puede recordarnos la era de El sello de los tiempos, un disco bastante rescatable, por cierto.

El disco termina con Abismo, tema que no es de Víctor García, sino de Pablo García, el guitarrista de la banda. Su banda favorita, cómo no, es Dream Theater, y las influencias se notan mucho en esta canción, que es la más progresiva del disco. Lo primero que llama la atención es el riff de guitarra tan potente con que empieza la canción. La parte instrumental es todo un homenaje al Dream Theater más contemporáneo, muy al estilo de las partes instrumentales de canciones como In the presence of enemies.

Hablando objetivamente, el disco no le hace honores a su título. Evidentemente no es más de lo mismo, pero si hubo un álbum que revolucionó el sonido de WarCry, éste fue el insuperable ¿Dónde está la luz? En Revolución podemos encontrar sonidos frescos, que quizá no han terminado de evolucionar con la nueva formación. En un principio puede parecer un álbum bastante simple y desconcertante, pero con unas cuantas escuchas se nota que hay algo interesante detrás de todo, lamentablemente parecer ser cuestión de tiempo para que WarCry vuelva a retomar el nivel que tenía antes, ya que en esta Revolución hay una serie de altibajos bastante lamentables: las malas letras - ya que Víctor nos tenía acostumbrados a un nivel muy superior - y temas irregulares como Invierno en mi corazón u otros que son simplemente anodinos.

De ninguna manera se trata de un mal disco, como ha sido calificado por muchos dogmáticos del Alea Jacta Est, pero tampoco es el mejor trabajo que nos ha entregado WarCry. En una ocasión Víctor García dijo que este disco sonaba similar a ¿Dónde está la luz?, pero me parece que su afirmación es errada, ya que más bien tiene similitudes con La quinta esencia, un trabajo mucho más ecléctico, que dejó lugar a temas nuevamente épicos y melodías veloces, lo que nunca se vio en ¿Dónde está la luz? Tal negación a incluir canciones powermetaleras fáciles y típicas fue, precisamente, la esencia de una verdadera revolución que devino en su mejor trabajo.

8/10

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miércoles, 15 de octubre de 2008

Un año después: Colors - Between the Buried and Me (2007)


“I will just keep waiting…”


Encontrar una banda como Between the Buried and Me es algo salido de un sueño, encontrar un disco como Colors es algo todavía más fantasioso; y es que, una banda que fusione riffs metaleros, con solos virtuosos, voces guturales en estructuras progresivas no es algo de todos los días, y además que hagan un disco conceptual meticulosamente planeado, compuesto y ejecutado es algo mucho menos común.


No, Between the Buried and Me no son una banda común y corriente, desde sus inicios en los que eran asociados con la ignominiosa escena del Metalcore siempre sobresalieron por su calidad. Colors no fue su primer disco, pero sí el que sienta un precedente, un antes y un después, en el que dejan atrás sus raíces y adoptan un sonido netamente progresivo.


El disco abre con la majestuosa Foam Born (A) The Backtrack, canción que inicia calmada y bella, y que empieza a agarrar fuerza hasta estallar en los portentosos growls de Thomas Rogers mismos que se fusionan con el inicio de (B) The Decade of Statues; canción que fusiona las voces limpias del buen Thom en un estribillo memorable, y que le da nombre al disco; y que, además demuestra lo brillante que puede ser esta banda fusionando riffs pesadísimos con cambios de tiempo inesperados y poco convencionales.


El cambio entre canciones es imperceptible en todo el disco, así que sólo se da uno cuenta de que ya está escuchando Informal Gluttony cuando se empiezan a escuchar unas guitarras que crean una atmósfera como de medio oriente, mismas que estallan en el minuto 1:31 en un excelso growl que dice: “Cannot close our eyes”, para después seguir con una de las partes más pesadas del disco hasta llegar a un pequeño estribillo cantado con voces limpias.


Un solo de batería y unos chimpancés sirven de transición a la siguiente canción del disco, se trata de Sun of Nothing. Una de las joyas de este disco, es una canción de once minutos, que empieza violentísima y que llega a partes chuscas como la del minuto 3:30, pasando por el impecable solo de guitarra de Paul Waggoner que empieza al minuto 4:40, todo culminando al minuto 6:47 con el inicio de un pasaje calmado, acompañado con la voz limpia de Thom, que en verdad puede llegar a ser preciosa contrastando increíblemente con lo agresivo de su growl. Este pasaje da pie a la mejor parte de la canción, que inicia al minuto 7:54 donde la voz de Thom y el bajo de Dan Briggs hacen un dueto precioso, donde se ve también una de las líneas más bellas del album: “I’m floating towards the sun. The sun of nothing.” Esta parte nuevamente termina en un crescendo que pone fin a esta canción con una guitarra impresionante (rápida, compleja y en una escala alta) todo dando paso a la siguiente canción.


Ants of the Sky empieza con el solo de la canción anterior, rápida, poderosa, uno de los puntos climáticos del disco es el primer minuto de esta canción. La canción continúa por diez minutos más, con solos majestuosos como el que da inicio al minuto 1:23, y con pasajes instrumentales complejos siempre ligados a otra parte de la canción que va progresando hasta llegar a la línea del minuto 8:23, que dice: “Sleep on... fly on. In your mind, you cant fly.” La canción incluso tiene una pelea de cantina, que culmina con el mismo solo del principio, un poco más lento y bombástico, mismo que da fin a la canción.


Prequel to the Sequel es la antepenúltima canción del disco, canción poderosa, posiblemente de lo más pesado del disco, que sigue con la misma línea de fusionar estructuras progresivas con los riffs y growls pesadísimos, sello característico de la banda. Este track hasta tiene una parte reminiscente a Boris the Spider de The Who, parte que inicia al minuto 5:23, donde hasta se puede escuchar un acordeón; la canción termina con la participación de un artista invitado, con un growl mucho más agudo que el de Thom, mismos que hacen contraste en la parte final de la canción, donde uno responde a otro dando una textura inusual a esta canción.


Viridian es uno de esos tracks de transición, propios de todo disco progresivo, un track calmado y bello, que crea una atmósfera idónea para el inicio del último track del disco, se trata de la épica: White Walls.


La última canción del disco empieza fuerte, misma que se calma al minuto seis, para volver a crecer y estallar en una línea memorable que nombra a la canción, todo para llegar a otro de los puntos álgidos del disco, a eso del minuto doce, donde uno de los mejores y más complejos solos que he escuchado cierran esta magnífica pieza de arte llamada Colors.


¿Qué es Colors finalmente? Una canción de sesenta y cinco minutos, una obra conceptual excelsa, una obra de arte más allá de las ataduras del género o géneros que se le quieran poner a esta banda. Un disco que merece ser escuchado.


Y como recordarán, o no, en su primera visita este año a México, como teloneros de Dream Theater sufrieron de una mala experiencia como lo narré en la reseña del concierto. Y como también recordarán, no les di mucha importancia en aquel entonces, pero hoy arrepentido de mis pecados y con mi boleto para verlos el próximo nueve de noviembre en el Hard Rock Cafe, les digo que es su obligación y salvación ir a verlos en vivo.


Yo le doy 5 estrellas.

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domingo, 5 de octubre de 2008

The sound of animals fighting - The ocean and the sun (2008)


En casi cualquier lugar donde se busque, uno encontrará que The sound of animals fighting es una banda experimental de rock progresivo. En mi opinión esa definición no podría ser más errada, por lo menos para su tercer disco, The ocean and the sun, ya que éste se caracteriza por tener cientos de elementos experimentales pero carece de todo aquello que tenga que ver con rock progresivo. Hasta la fecha estos jóvenes de California tienen tres discos que se caracterizan por la multiplicidad de sus integrantes y sus melodías. Tampoco se trata de un proyecto principal, sino que es un grupo con gente de bandas como Finch, Rx Bandits, Circa Survive y Chiodos. Algunas bastante desconocidas y que encima son presumiblemente emo.

No es extraño que en The songwriter's reviews haya reseñas de discos que no son de metal, pero sí es raro que sea yo quien se aventure a criticar un disco que tiene más bien elementos de rock alternativo y experimental, géneros que no son habituales en mi lista de reproducción.

La Intro se trata de un poema que es recitado en idioma persa. No sé por qué está ahí, pero para todos los fanáticos de los idiomas, seguramente será divertido escuchar un minuto de un idioma no muy común en occidente. De cualquier forma, esta breve introducción sirve como puente a la primera canción y que es la que le da título al disco, The ocean and the sun, que se trata de un tema bastante calmado que para nada suena a rock progresivo, sino más bien a alternativo. Suena muy bien, es relajante y cumple un papel importante al ser un buen tema para iniciar el trabajo.

I, the swan me parece la mejor canción del disco, aunque las letras son algo extrañas y versan sobre un tema que ni Octavio Paz hubiera podido abordar de manera tan sublime. Es un tema más orientado al rock clásico que se nutre con unas voces infantiles y una musicalización sobria que encuentra puntos muy álgidos.

Pareciera que Another leather lung sigue la misma línea que la canción anterior, ya que en un principio este tema mantiene un ritmo constante y algo lento, pero a medida que avanza se va acelarando hasta mostrar unos guiños bastante evidentes de post hardcore, que si bien en un primer momento suena demasiado caótico, después muestra una estructura sumamente interesante y bien armada.

El primer punto débil del disco es Lude, un filler de dos minutos con un piano monótono que casi no se escucha, que sólo sirve para conectar al sexto track, Cellophane, muchísimo más destacable que su predecesor. Lo más interesante de la canción es la batería bien trabajada y una música que va en constante crecendo hasta el punto en que explotan unos riffs muy potentes. Y si bien este tema sigue la misma línea hardcore, también presenta singularidades muy importantes, consiguiendo que el tema sea uno de los más potentes de todo el trabajo.

Un trabajo de rock experimental no podía carecer de una canción con título raro, y se trata de The heraldic break of the manufacturer's medallion. Un tema que no está mal y que desde el primer momento suena bastante punk y hardcore. Ésta es, sin duda, una canción para todos los amantes de la más pura degenerada anarquía musical, sin que eso sea necesariamente peyorativo. Eso sí, cuesta bastante encontrarle la estructura a la canción.

Chinese new year es otro filler bastante absurdo, aunque notablemente más divertido que Lude. Luego de los niños diciendo incoherencias con una música igual de incoherente, llega Uzbekistan, la canción más experimental de todo el trabajo y que parece haber estado grabada en una sola sesión en el estudio por medio de sucesivas improvisaciones. Y si The heraldic... era complicada, ésta lo es más y tomará por sorpresa a cualquier persona. No está mal, pero también debe ser escuchada como diez veces para encontrarle algún sentido. Sin mencionar que es más larga de lo necesario.

Con Blessings be yours mister V regresa la cordura y un poco de la melodía. Se agradece en este punto que a los chicos de la banda se les ocurriera entregar una pieza musical dinámica y con cordura, aunque sin la sutileza de la primera mitad del disco.

Ahab es un insulto. La experimentación se justifica en el arte en tanto tenga alguna estética de fondo, pero este tema se trata de lo que en inglés denominaría yo como un random noise. Es como un aparato haciendo estática y ruido durante un minuto.

El último tema, On the occasion of wet snow, cae como una bendición luego de todo el ruido del track anterior. Si se pensaba que ya se habían perdido esas delicadas melodías de la primera parte del disco, con este tema se reivindica todo el trabajo porque nos deja descansar de una buena vez de todos los elementos carentes de estética y sentido. Incluso este tema sí que tiene guiños al rock progresivo.

The ocean and the sun no se trata de un disco malo, pero sí adolece de varias cosas. La experimentación a veces es excesiva y absurda. Parece ser que últimamente los artistas creen que cualquier cosa puede ser arte, cuando no hay nada más falso que esa afirmación. Apelar a los sentidos no es intrínsecamente arte, y en este caso hay temas como Ahab que sólo demuestran cómo estos jóvenes tienen ganas de encontrar la belleza hasta el un aparato descompuesto. Por otro lado, la primera parte del disco es infinitamente superior a la segunda, cuyo parteaguas sería Cellophane.

El disco funciona bastante bien como un todo, a pesar de estos momentos inútiles. Además, quien adquiera este disco deberá escucharlo bastantes veces para encontrar lo verdaderamente valioso en él. Y si en un primer momento es algo repulsivo, luego de varias escuchas uno puede encontrar melodías y musicalizaciones bastante notables. Eso sí, no hay que bajar este disco esperando encontrar rock progresivo porque no lo hay en ningún lado, salvo en momentos muy puntuales. Parece ser que en esta época cualquier cosa que suene extraña es considerada como progresivo. En ese sentido sería necesario replantear el análisis de los expertos de la música. Vamos, en palabras menos sofisticadas, el disco tiene más hardcore punk que rock progresivo...

Bájalo acá (link tomado de goleech.org)

7.8/10

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miércoles, 17 de septiembre de 2008

Death Magnetic - Metallica (2008)



Hablar de Metallica siempre es peligroso y difícil, hay tantas y tan diversas opiniones sobre la banda que darle gusto a todos o a la mayoría es imposible. Y es que, hay desde quienes dicen que Lars nunca aprendió a tocar la batería, hasta los rednecks que se sienten indignados al ver un mexico-americano como bajista de Metallica. Y qué decir de los fans, hay desde niñitos que aprenden a tocar la guitarra con Nothing Else Matters, pasando por los metaleros añejos obsesionados con Kill ‘Em All o con Master of Puppets, hasta las adolescentes que tienen en su colección de discos el Black Album entre un disco de Britney Spears y otro de Madonna.

Lo cierto es que el legado de esta banda es innegable e importante en la escena del metal por casi 30 años. En especial en los ochentas donde es imposible entender la evolución del género sin poner en contexto la trilogía Ride the Lightning (1984), Master of Puppets (1986), …And Justice for All (1988). La cantidad de bandas, géneros y subgéneros que fueron permeadas e influenciadas por estos tres discos es inconmensurable.

El otro lado de la moneda fue la trilogía noventera Metallica también conocido como Black Album (1991), Load (1996), ReLoad (1997); discos infames y comerciales ad nauseam. Es penoso ver videos de Metallica en la programación de Telehit, o MTV, y peor aún, escuchar Enter Sandman hasta el hartazgo.

Metallica sencillamente pudo pintar dedo y mandar toda la industria musical al carajo desde hace años, sin embargo ha evolucionado con ella, a muchos nos parece que para mal. Y es que debe haber pocos seguidores originales de la banda que se sientan satisfechos con la sobreexposición mediática a la que ha sido sometida la banda.

Cinco años después del perverso St. Anger (2003), Metallica saca su noveno disco de estudio titulado: Death Magnetic. Sin tanta expectativa, en parte disminuida por el disco anterior que hizo que la mayoría de los fans perdieran la fe en la banda, y con una vaga promesa de que el sonido de este disco regresaría a las raíces de la banda.

El disco abre con That Was Just Your Life canción poderosa y portentosa, con dos solos imponentes, con un Kirk Hammett inspirado, ansioso de tocar como sólo el sabe solos y riffs gruesos y chingones, cosa que no le habían dejado hacer en el disco anterior. La segunda canción del disco es The End Of The Line, canción que deja al descubierto las deficiencias en las letras de Hetfield, pero que crea una atmósfera perfecta para un final estridente y lleno de poder.


Broken, Beat & Scarred es el tercer track del disco, que continúa con la línea de canciones largas, riffs gruesos y solos atascados; el sonido de esta canción es muy reminiscente al periodo ochenteno de la banda, no así el cuarto track del disco The Day That Never Comes. Canción que es también el primer sencillo del disco y que, es de lo malo del disco, por llamarlo de una manera. En especial la línea “This I swear” que fácil podría haber sido escrita por una banda de punk.

El disco continúa con dos canciones que son de lo mejor de Metallica en los últimos 20 años, hablo de All Nightmare Long y Cyanide. La primera que contiene un estribillo memorable y la segunda con el mejor riff que le he escuchado a Metallica. Éstas dos son sin duda uno de los puntos climáticos del disco.

Llega así la séptima canción, The Unforgiven III, que es lo más cercano a una balada que tiene el disco, y no es propiamente una, es más bien una canción lenta que explota poderosamente en un de los muchos solos memorables del disco. The Judas Kiss, el antepenúltimo track del disco, es otra canción poderosa y estridente, que tiene un tema en sus letras parecido a aquél en Master of Puppets la canción.

Suicide & Redemption es un track instrumental, épico, con un trabajo notable de Trujillo en el bajo, y con varios solos de guitarra, el más notable el que se sitúa a la mitad de la canción con tintes melancólicos. Y finalmente llega My Apocalypse que es la canción más pesada del disco, pero no por eso es mala, al contrario es de lo mejor del disco, trash metal en todo su esplendor.

Death Magnetic es un gran disco, en especial porque la promesa de que Metallica volvería a sonar a Metallica fue cumplida, y porque demuestra que de proponérselo, Hammett, Hetfield y Ulrich pueden seguir haciendo del metal su prostituta.

Yo le doy 4.6 estrellas.

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domingo, 7 de septiembre de 2008

Epica en el Circo Volador

(Todas las fotos son propiedad de Germán García)

¿Cómo no amar a Simone Simons? Si es perfecta en todos los sentidos: es ridículamente hermosa, su cuerpo son ocho cabezas (algo sólo visto en dibujos de cómics), su presencia es imponente, su talento es innegable, su voz es angelical, y lo mejor, está bien buena. Sin embargo, hay algo en ella que nunca me ha terminado de convencer, antes pensaba que eran sus severos ataques de hipocondria, ahora sé que es su plan de diva. No sé, a lo mejor me equivoco y estaba en su derecho de abandonar el escenario, o a lo mejor fue una mamona que se pasó de exagerada al salirse del escenario como niña berrinchuda, lo que sí pude notar es que ella estaba a fuerzas, aunque dijera otra cosa. El por qué abandonó el escenario es relatado más adelante.

El regreso de Epica a México fue tan esperado, por sus ya sabidas cancelaciones, que el Circo Volador ya presentaba una cola que le daba la vuelta a la cuadra al cuarto para las cuatro de la tarde, y ni la lluvia, ni los mamones de los organizadores dando pulseritas para evitar colados podían evitar la emoción y la expectativa de los fanáticos congregados varias horas antes para agarrar buen lugar y ver a sus ídolos lo más cerca posible.

El concierto empezó tarde, pero cuando al fin se apagaron las luces a eso de las cinco para las nueve y empezó a sonar Indigo supimos que al fin Epica estaría tocando en México. La banda entró sin mucho aspaviento, el público enloqueció al ver a Simone, y no los culpo, es una diosa que irradia belleza, y al estar considerablemente cerca del escenario supe que el sólo verla había valido el boleto, y la espera.

Comenzaron tocando Obsessive Devotion, canción que fue perfecta para encender los ánimos de los presentes, a mí me pudo encantar el headbang de Simone, no sólo porque nos permitía apreciar mejor su escote, sino también porque es espectacular ver semejante cabellera de fuego moverse de esa manera tan chingonamente metalera. Pero regresando a la canción, fue ejecutada de manera aceptable, el sonido del Circo es bastante bueno, y la iluminación fue bastante favorecedora durante todo el concierto.

Quietus fue la siguiente canción interpretada por la banda, no fue nada espectacular salvo ver a Simone y los growls de Jansen. Sus siguientes números fueron Menace of Vanity y Living a Lie, canciones que prendieron a los fans de la banda y a los presentes en general, fueron buenas interpretaciones, con un Jansen impecable en sus growls y una Simone que canta como sólo ella sabe y puede.

Lo grosso de la noche vendría a continuación, mientras comenzaban a interpretar Sensorium a alguien se le hizo fácil aventarle una pulserita a Simone; pero ¡ah cómo es maldito el destino! Para infortunio de todos, la bendita pulsera fue a dar en el rostro de Simone (o eso dice ella) lo que ella entendió como un acto de agresión y abandonó el escenario. La banda siguió tocando unos instantes, hasta que pararon, y abandonaron el escenario también. Poco después llegaría Ad Sluijter a decirnos que alguien había agredido a Simone, muy indignado el señor, que por cierto tiene de metalero lo que yo de reseñista de conciertos.

Poco después vendría el buen Jansen a decirnos, en pocas palabras, que éramos malas personas, sólo que no pudo terminar su discurso (se notaba que no sabía qué decir o en su elección de palabras o quería ser políticamente correcto o no sabe hilar sus ideas apropiadamente) el caso es que nos dijo “uhm… oh… you don’t do that”. El señor es un cabrón, hasta cuando no hace growls. Al rato llegó una empleadita del Circo y explicó que alguien aventó una pulserita y que si querían dar regalos se los diéramos a los de seguridad. Al poco rato regresó la banda sin Simone, y nos prometieron que pronto regresaría Simone, que según la pulserita dañó su globo ocular, y que se estaba recuperando, pero que entre tanto iban a tocar un cóver. Para ser sinceros no me acuerdo qué cóver fue, ni de qué banda, pero era una rola netamente deathmetalera que me agradó. Sin embargo yo no iba a ver covers, ni que fuera concierto de Tarja.

Afortunadamente, después de otra canción, regresó Simone y nos perdonó la vida, y el público enloquecido por el perdón de su diosa se entregó aún más. Tocarón así Cry For the Moon de una manera aceptable, para posteriormente dar paso a un solo de batería bastante insípido. Continuaron con su setlist y tocaron Sensorium, sí. Luego vendrían Blank Infinity y Fools of Damnation, y al parecer tanto a la audiencia como a la banda se les había olvidado todo, y tanto ellos dieron un buen espectáculo, como la audiencia se entregó y disfrutó.

Llegarían así mis dos canciones favoritas de Epica, una seguida de la otra, Phamtom Agony y Chasing the Dragon, la primera fue ejecutada con maestría, y en general la canción por sí misma es poderosa. Y qué decir de Chasing the Dragon, canción que nos permitió contemplar la belleza de la voz de Simone de una manera insuperable y sublime.

Hipnotizado por la hermosura de la voz de Simone en la canción anterior, quedé atrapado y me entregué a Epica por completo en Sancta Terra, que vamos, es un rolón que al menos yo al escucharla inevitablemente la asocio con The Divine Conspiracy, canción que como ya sabrán en el disco viene subsecuente a Sancta Terra, lamentablemente no tocarían The Divine Conspiracy, en su lugar cerrarían con Consign to Oblivion. Canción buena a secas.

Me gustó que no tocaran Never Enough, canción que al menos yo aseguraba tocarían, pero fue mejor así, que dieran cabida a canciones menos vacías y más virtuosas. Y el otro lado de la moneda fue que no tocaron The Divine Conspiracy, canción que es puro virtuosismo.

Y así, se había ido el primero de los dos conciertos de Epica en la ciudad de México, concierto más bien regular. Y aunque me enojó ver los desplantes de Simone, e imaginar a los promotores en el camerino rogándole a la nena que regresara, volvemos al punto de ¿cómo no amar a Simone Simons?

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sábado, 23 de agosto de 2008

El Reino Olvidado - Rata Blanca (2008)




A estas alturas de la vida, Rata Blanca podría considerarse como uno de los clásicos en el heavy metal en español. A riesgo de buscar un paralelismo que quizá para muchos sea excesivo, Rata podría considerarse como el Iron Maiden castellano, o, en todo caso, el Deep Purple de Argentina. Su historia data de 1986, donde Walter Giardino, el indiscutible líder de la banda, decidió crear una agrupación de heavy metal clásico sin mayores pretensiones. Un disco homónimo de pésima calidad de grabación, mal ecualizado y con un vocalista mediocre, pero con canciones de culto que destacan por su gran calidad compositiva, fue su debut. Pero no sería sino hasta segundo disco, donde recién se incorporó Adrián Barilari como vocalista, Magos, espadas y rosas, que, de mano de dos grandes temas como lo son La leyenda del hada y el mago y Mujer amante – ya estandartes de la banda –, Rata aseguró un lugar en el gusto del público latinoamericano de los años ochenta. Con el paso de los años y el transcurso de sus discos, Rata Blanca se volvió, acaso, en la banda más importante de la Argentina. Los conflictos y el carácter tan especial de Walter hicieron que la alineación clásica se separara, llegando entonces nuevos integrantes, incluido el vocalista, que dieron un sonido distinto para la banda. Entre el cielo y el infierno, un disco crudo y poco melódico, vio la luz con el vocalista Mario Ian, quien efectuó una labor más que decorosa. No obstante, el siguiente disco, titulado implícitamente VII, supuso el cambio más radical: con Gabriel Marian, el nuevo vocalista, nació un trabajo de estilo indefinible. El destino de Rata Blanca parecía finalizar, pues finalmente en 1998 se decidió terminar con el grupo. Sin embargo no tuvo que pasar demasiado tiempo para que en el 2002, y con Barilari de regreso, renaciera Rata Blanca con un disco más hardrockero, El camino del fuego. Su último disco, La llave de la puerta secreta, continuó en la misma línea hasta el año 2005.

Hoy es cuando, luego de tres años de espera, Rata Blanca lanza su noveno disco, El reino olvidado, que en Argentina logró ocupar las estaciones de radio, los canales de televisión y una masiva compra del material. Antes de su salida la interrogante más grande era el sonido mismo del disco; se rumoraba que regresarían al sonido neoclásico que caracterizó los primeros trabajos de la banda. Otros más deseaban algo con una onda powermetalera. El 21 de agosto se resolvió la interrogante:


Las voces del mar es el tema que nos introduce a este trabajo, una canción breve que tiene como finalidad engancharse al siguiente corte y que cuenta con la participación de una mujer que ya había colaborado con el primer disco solista de Barilari.

El segundo track es el que le da título al disco, se trata de El reino olvidado, una canción que abre con el riff más memorable de todo el material, que, no obstante, en ocasiones resulta demasiado repetitivo. Es un tema muy melódico y con un gran estribillo, a medio camino entre el heavy metal clásico con influencias europeas y un medio tiempo que no tiene mayores pretensiones. Un dato curioso: esta canción la presentaron muchas veces en vivo antes de que saliera el disco, contaba con una introducción de teclado que posteriormente fue suprimida; por alguna extraña razón mucha gente quiso creer que se trataba de una copia del teclado inicial de Amaranth, de Nightwish…

71-06 (Endorfina) es el título críptico – según Giardino – que bautiza la tercera canción de El reino olvidado. Es, quizá, el tema más hardrockero de todo el disco, con cierta similitud al Amo del camino del Camino del fuego. La letra, ya en el inconfundible estilo de Walter, es una crítica a ciertos rockeros falsos. Lo mejor de este track es, sin duda, la batería del inicio, por lo demás no es demasiado destacable, salvo que tiene un aire inconfundible a Deep Purple.

Talismán tiene todo para ser un éxito. Se trata de un medio tiempo muy melódico y hasta comercial que hará las delicias de todos los fanáticos de la rata más emotiva. Un gran tema que, sin duda alguna, está dentro de lo mejor del disco. La melodía es muy bella y recuerda a los grandes clásicos de la banda, sobre todo en lo que es el estribillo más trabajado de todo el disco.

Con El círculo de fuego regresamos al heavy metal clásico al que nos tiene acostumbrados la banda. El riff inicial tiene cierto aire de Nightwish (más que la extinta intro del segundo tema) y el estribillo tiene inspiración de 2 minutes to midnight, gran clásico de Iron Maiden (e incluso hay quien dice que hay cierto parecido entre Barilari y Dickinson). Las influencias son innegables, así como la calidad de esta canción que le da muchos puntos al disco. Además, aquí podemos escuchar uno de los mejores solos de guitarra de Walter.

A los chicos de la banda les encanta el hard rock, y nos lo demuestran con Diario de una sombra. Musicalmente hablando no es una canción demasiado destacable ni ambiciosa, pero nuevamente Walter rescata el tema con un buen solo de guitarra que incorpora el efecto wah-wah.

Desde VII Rata Blanca no nos había ofrecido un tema instrumental: Líbranos del mal. Curiosamente, Madre Tierra también llega con una melodía melancólica, echando por tierra las especulaciones y anhelos de los fanáticos que pugnaban por un tema neoclásico y virtuoso como Preludio obsesivo. La guitarra de Walter cumple su cometido, lo mismo que la ambientación íntima que logran los teclados de Bistolfi. El único pero de este instrumental es que quizá no está en el lugar indicado.

El guardián de la luz recuerda mucho a En nombre de Dios? del disco El camino del fuego, aunque quizá El guardián… está más trabajado. Los dogmáticos del power metal quizá estén contentos con esta canción, porque incluso el doble bombo se hace presente. En cuanto a fuerza, éste es el mejor tema de todo el disco: la voz de Barilari no podía ser mejor, el trabajo de la guitarra de Walter es soberbio como siempre, la batería de Fernando es impecable, pero sobre todo los teclados merecen mención aparte: ¡por fin suenan! Y muy bien.

Con Un día más, un día menos volvemos a ponernos melancólicos. Afortunadamente, ésta no es una balada melosa y pop, sino que tiene todos los elementos rockeros que la transforman en una power balad bastante efectiva.

La recta final del disco corre a cargo de No es nada fácil (ser vos) y Si eres hijo del rock, ambos muy hardrockeros, con la clásica fuerza que caracteriza al género, pero que como canciones solitarias no tienen demasiado protagonismo en todo el trabajo y que incluso pueden llegar a pasar desapercibidas, aún después de varias escuchas.

La última canción se trata de Cuando hoy es ayer, otro tema calmado que recuerda a los antiguos temas de la época del Guerrero del arco iris. De las canciones lentas ésta es la menos destacable, pero cierra mejor el disco de lo que lo harían sus dos temas precedentes.


El reino olvidado tiene unas cuantas particularidades muy interesantes: Walter Giardino no es más el protagonista del trabajo y su guitarra no satura el disco, en cambio, se optó por crear un disco más homogéneo y equilibrado. Si bien el sonido en general de este disco no difiere demasiado al de sus últimos dos LPs, hay un estilo más depurado e incluso maduro. La mezcla, por otro lado, es realmente destacable. Por otro lado, el disco adolece de algunos temas que son incluso anodinos y fácilmente olvidables, lo que se compensa con algunas canciones que fácilmente podrían llegar a ser verdaderos clásicos de la banda, como El guardián de la luz, Talismán y El círculo de fuego.

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8.4/10

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